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sábado, 15 de agosto de 2015

Agarrado a tus crines.


Una de las primeras lecciones que recibí al aprender a montar a caballo, fue la de no soltar nunca las riendas ni sacar los pies de los estribos.
Perder el control sobre la montura era la opción más efectiva para terminar en el suelo y caer desde la silla en pleno galope se presenta siempre muy poco apetecible. No hablemos de las consecuencias de una caída así.
El antiguo arte de la equitación siempre se me resistió, no como a ti, que en una vida pasada debiste de ser la más consumada amazona.
A ambos nos han gustado siempre los caballos pero tu optaste por hacer de ellos tu medio de vida.
Hoy el diario para el que trabajo, me ha encargado escribir la crónica sobre tu espectacular acción de anoche, en la que junto a otros compañeros de la unidad de caballería de la Policía Nacional desplegada para garantizar la seguridad de la peregrinación del Rocío, participaste en el enfrentamiento con un grupo de narcotraficantes.
La operación se saldó con tres muertos por arma de fuego, un policía herido de gravedad y dos detenidos.
Aunque a poca gente le importará, yo no puedo pasar por alto el que tu caballo fuera abatido por los disparos de los narcotraficantes durante el tiroteo que se produjo en las inmediaciones de la concurrida caravana de peregrinos.
"La agente Cristina Justo, llora a su montura caída en acto de servicio" reza el pie de foto que acompañará a la crónica. En la imagen se te ve arrodillada junto al precioso "hispano-luso" tordo que yace en el suelo con dos heridas de bala en el pecho.
Estás preciosa de uniforme. Una mano acariciando la frente del caballo y la otra sosteniendo tu arma reglamentaría.
La rubia coleta asoma por debajo de tu casco y la expresión de tu rostro refleja la inmensa pena de haber visto caer al animal, que valientemente saltó el pequeño muro de piedra tras el que se parapetaron los delincuentes.
Esta es la primera vez que se produce un suceso de este tipo durante la romería.
Nunca había sucedido algo así aunque es sobradamente conocido por todos que durante esta peregrinación, la cocaína circula a raudales entre muchos de los que se suman a la caravana por aquello de "El polvo del camino" y la fiesta aparejada al evento.
Tuvisteis la pericia o la poca fortuna de identificar a los miembros de un conocido clan que pensaba operar durante la romería, tratando de pasar desapercibido entre el inmenso gentío y los grupos de devotos almonteños para colocar su mercancía pero no contaron con que en tu unidad había un antiguo agente de narcóticos que harto de su trabajo en el grupo  anti-droga, solicitó su ingresó en la unidad de caballería y estando allí de servicio, reconoció a un traficante que había arrestado en el pasado por menudeo y que tras cumplir condena, había escalado puestos en la jerarquía del "cartel".
Al acercarse a identificarlo, el delincuente sacó su arma y lo abatió hiriéndolo de gravedad y al hacerlo, las detonaciones atrajeron al resto de compañeros del policía herido que respondieron al fuego y entonces aquello se convirtió en una batalla en toda regla, al unirse al fuego cruzado el resto de miembros de la banda allí presentes.
Los peregrinos cesaron de inmediato los cánticos y bailes, se refugiaron bajo las carretas y en cuestión de pocos minutos la efectividad del entrenamiento de la policía en acciones de este tipo puso fin rápidamente al enfrentamiento, con los consabidos resultados.
Según los testigos una heroica agente (tú, para ser más exactos) saltó el murete de un pequeño chalé desde donde los narcos disparaban contra efectivos policiales y como si fuera la  protagonista de un western de Clint Eastwood, derribó con su arma reglamentaría apuntando  desde la silla de montar a dos delincuentes, terminando así con el peligro pero por desgracia al saltar, su caballo fue alcanzado por los proyectiles disparados por los posteriormente abatidos narcotraficantes.
España comienza a parecerse demasiado a algunos países donde estas cosas suceden a diario y eso no me gusta.
Tenemos la suerte de contar con unos excelentes cuerpos de seguridad del estado pero es gracioso, si supieran de tu cleptómano pasado puede que no te impusieran la condecoración para la que has sido propuesta.
Me refiero claro a aquella ocasión en que me robaste con premeditación, alevosía y nocturnidad.
No creo que valga lo suficiente para que se considere robo en vez de hurto pero me da igual, es mi corazón.
Al comenzar a escribir mi artículo miles de recuerdos me vinieron a la cabeza.
No sabes hasta que punto estaría dispuesto a sacar los pies de los estribos de esta vida tan vulgar y anodina, a soltar las riendas de un futuro que se me presenta de lo más insustancial y a galopar para siempre agarrado a tus crines.
Mi único miedo radica en que ya sufrí una caída por no montar adecuadamente y no descansar tras cabalgar demasiado tiempo seguido y ahora temo volver a caer.
Todos los jinetes saben que cuando caes del caballo lo mejor es volver a montar lo antes posible pero aún a riesgo de que me consideres un despreciable cobarde, tengo mucho miedo Cristina, ya conozco las consecuencias de una mala caída.
Mañana la noticia saldrá en la primera página con la foto a todo color y siempre guardaré un ejemplar en mi mesilla de noche, orgulloso de haber cabalgado un tiempo contigo.

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