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domingo, 7 de junio de 2015

Mejor como un perro negro que como un perro verde

Eso es lo que me ha venido a la cabeza cuando esta mañana tras el primer café me he sentado ante el teclado con la sana intención de escribir y  me he puesto en el equipo de música a buen volumen un disco de Led Zeppelin.
Este tema, Black Dog, ya se ha convertido en uno de esos míticos  en la historia de la música y habrá a quien le guste y a quien no, pero desde luego tiene una fuerza muy especial y transmite una burrada de sensaciones.
Yo que de un tiempo a esta parte no paro de darle vueltas al coco, ha habido ocasiones en las que me he llegado a sentir un poco "rarito" por mi forma de proceder, de enfrentarme con las cosas, de relaccionarme con los demás, de sentir y de vivir en general.
No soy un tipo especial ni mucho menos, simplemente me cuesta un poco ubicarme pero hay mañanas como la de hoy en las que al escuchar una canción siento como me renuevo por dentro y como mi energía interior experimenta un cambio radical.
Ser un perro verde es algo que se puede interpretar casi peyorativamente máxime cuando es tu entorno el que te cuelga el cartelito y por supuesto ni lo soy ni lo quiero ser, prefiero ser un "gatoflauta" puestos a elegir.
Hace un par de días conocí a una chavala bien maja que alimenta dos blogs literarios y al leer entradas de ambos blogs me di cuenta de que pertenezco a una especie muy común dentro de los seres humanos. Son muchos los que necesitan poner por escrito sus vicisitudes contándolas de una forma más o menos amenas o interesantes.
Ya no solo es que a veces  tengas una imaginación desbordante que te lleva a escribir una historia tras otra en la que inventas mundos, personajes, situaciones, historias de todo tipo. No, es algo muy diferente y que va más allá porque la necesidad estriba en compartir tus experiencias, tus miedos, tus penas, tus alegrías y todo lo que viene siendo tu día a día con un montón de lectores, algunos conocidos y otros no, da igual.
No es afán de protagonismo ni egocentrismo llevado al límite, que va. Es una necesidad vital como el que siente que tiene que bailar para expresar su identidad, el que encuentra el camino a través del sonido de un instrumento musical o el que plasma su esencia en un cuadro o en los muros de un edificio en ruinas.
Y no se hace buscando arte en si mismo, si no una vía de expresión.
No creo que ninguna persona con semejante necesidad sea "rarita", al revés, creo que es más raro aquel que prefiere cerrar sus ojos, sus oídos y su corazón ante estos mensajes.
En el último encuentro de blogueros que se celebró en la Feria del Libro de Valladolid esta necesidad vital de escribir fue uno de los puntos que tratamos en la mesa los tres blogueros que participamos de aquella charla y hablando de ello nos sentimos más cerca los tres, aunque tengamos estilos muy diferentes y abordemos temáticas distintas en nuestros textos.
Particularmente empiezo a considerar esta necesidad casi como una bendición y no como un problema o un lastre. Me ayuda a depurar el alma y a sacar de dentro muchas cosas que podrían enquistarse si las abandonara a su suerte dentro de mi pecho.

 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Negro o verde un perro siempre será más de fiar que un gato.

lacantudo dijo...

A mi tanto los perros como los gatos siempre me inspiran más confianza que los anónimos.