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viernes, 15 de mayo de 2015

"Agua" o un relato dedicado a la pérdida de lo más querido.



 Este relato lo presenté a un certamen literario que tenía como tema este año el agua y esa palabra debería aparecer en el título de lo que se presentara a concurso.
Al ver que no figura entre los finalistas he decidido compartirlo con todos vosotros puesto que a mi me gustó cuando lo escribí, aunque no es muy ameno y sé que no tenía demasiadas posibilidades por lo negativo del texto.




                               Agua (líquida desesperación)

Maldigo su composición química, su odioso H2O tan presente en todo y en todos, maldigo el que sea incolora, inodora e insípida, además no es del todo cierto, tiene sabor y cuando es fresca y pura ese sabor me recuerda demasiado a ti.

Maldigo las canalizaciones, las griferías y la necesidad de empaparme la cara con ella todas las mañanas para poder despertar de cada sueño, incluso de aquellos en los que sigues viva y junto a mí.

El agua es necesaria y fundamental para que pueda haber vida, lo que no te dicen los libros de texto es que el agua es también una trampa mortal, que el ser humano está compuesto de ella en un alto porcentaje, pero que eso como todo tiene un límite.

Que una vez que se encharcan los pulmones puede derivar todo en un fallo multiorgánico, como aquel que sufriste tú, tú que no cometías nunca fallo alguno.

Fue precisamente esa adoración tuya por el agua lo que te hizo sumergirte en aquella poza de montaña y nadar y bucear como un pececillo, pero no lo eras, carecías de branquias y del instinto necesario para reconocer bajo qué grieta no debías bucear.

Ahogada, esa maldita palabra lleva implícita la palabra agua. Siempre el agua.

Tu fantasma se me presenta cada vez que abro el grifo de la bañera, tu imagen se adueña de todo, tan hermosa con tu bañador azul, el pelo recogido en una coleta con una gomita negra y la piel llena de pecas.

Si pudiera vivir sin necesidad de agua sería feliz, si pudiera vaciar mi organismo de ese asqueroso líquido que me arrebató lo único que he amado en esta vida, si pudiera extirparme cada gota para hacer con ellas una fuente en tu memoria.

Yo la maldigo, pero la única maldición real es la que sufro yo, que por fuerza tengo que estar sujeto a la necesidad de ella, de ese líquido que por avatares se conjuga en femenino y es un monstruo sin alma, género o corazón.

Dicen que fue un accidente, que no calculaste la profundidad de aquella oquedad de la montaña que se llenaba con cada deshielo y al no conocerla quedaste atrapada en las irregularidades de su orografía y moriste ahogada.

Yo se que de alguna manera fue el agua la que no te permitió que salieras de allí, te envidiaba por ser más fresca, más pura y más necesaria para mí que ella.

Quisiera estar compuesto de ti en un porcentaje más alto de lo que ella vive en mí, pero claro, eso sería imposible, tus fluidos no podrían ser útiles al organismo de la misma manera.

Ahora sufro al saber que las verduras que llenan mi plato han brotado gracias a ese líquido espantoso que me hizo infeliz y que mire donde mire y haga lo que haga siempre estará presente: el agua.

Odio que llueva, algunos dicen que la lluvia es un regalo del cielo, pero yo preferiría que las nubes descargasen acero fundido.

Abriría la boca para que me abrasara las entrañas y terminara con todo.

Han pasado tan solo un par de meses desde aquella funesta mañana de vacaciones en la que decidimos aventurarnos por esa maldita sierra y hacer un poco de vida sana.

¿Vida sana? En realidad al calzarnos las chirucas y preparar las mochilas nunca debimos haber cogido los bañadores porque aunque era agosto y hacía calor, ni imaginábamos lo frío que estaría tu cuerpo, tan bonito incluso inerte y rígido, al terminar la mañana.

Quiero morir deshidratado y acudir a buscarte, sé que me esperarás en la orilla, por eso trato de no beber pero  la vida me hace trampas y siempre termino recibiendo líquido de una manera o de otra y mi cuerpo aún no ha alcanzado la cota de escasez necesaria para irme de aquí.

Tu por exceso y yo por defecto, la cosa es que volvamos a estar juntos.

Te echo tanto de menos que he aprendido a llorar sin lágrimas  por no mancillar tu recuerdo.

No creo que falte mucho ya, te veré pronto cariño.




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