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sábado, 7 de marzo de 2015

Llamaradas de autor.



Marta se levantó como cada domingo y salió a recoger su ejemplar de El norte de Castilla que como cada día el repartidor la dejaba en el buzón del chalet.
En lo que salía el café, desplegó el diario sobre la mesa de la cocina y comenzó a leerlo con esa cotidiana mezcla de interés, curiosidad y pavor, ya que las noticias que leía de un tiempo a esta parte eran muy poco tranquilizadoras, entre epidemias de lejano origen pero fácil transmisión, geo políticas  guerras absurdas, preocupantes datos estadísticos sobre diversos aspectos tanto de la economía como de la sociedad e incluso las páginas de cultura, que siempre leía con absoluto detenimiento venían cargadas de quejas y reivindicaciones.
El café emitió ese olor característico al estar listo y Marta abandonó momentáneamente la lectura para prepararse una buena taza y unas tostadas con tomate y aceite, su desayuno favorito.
Al estirarse a por una de las tazas que guardaba en lo alto del mueblecito de la cocina, sintió una punzada de dolor intenso en la espalda y recordó que tras desayunar, debía aplicarse la pomada para las quemaduras, ya que parte de su piel se encontraba excesivamente afectada por lo vivido la noche anterior.
Pagina 8, Valladolid sucesos: ”La policía busca al héroe anónimo que anoche puso en juego su integridad física al rescatar valientemente pero sin contar con los medios adecuados cientos de ejemplares en peligro de resultar carbonizados en el incendio de una biblioteca pública de uno de los barrios de la capital.
Al parecer este ciudadano, al percatarse de las llamas y del humo que se extendían por el interior del edificio, rompió una de los ventanales con la tapa de una alcantarilla y se arrojó al interior de la biblioteca, desde donde fue arrojando cuidadósamente  al exterior de la misma centenares de títulos de los que allí se almacenaban para lectura de los usuarios.
No hay testigos presenciales del suceso y el sistema de vídeo cámaras de seguridad resultó dañado por el fuego, por lo que no se conservan las cintas que podían haber arrojado algo de luz sobre la identidad de este hombre”
Marta sonrió con cierta indignación, ya que lejos de buscar reconocimiento público por su acción, lo que la molestaba infinitamente es que desde la prensa se diera por sentado que aquel acto debía de haberlo realizado un hombre.
Cierto es que los hombres suelen ser más dados a meterse en este tipo de embolaos, pero la pasión por la literatura carece de género, al igual que ciertos valores humanos como el valor o valentía y la heroicidad o el heroísmo, solo depende de las palabras escogidas para designarlo.
Marta volvía del gimnasio de su sesión diaria de “pilates”, actividad esta que la mantenía en muy buena forma y al ver las llamas y lo que estaba sucediendo no lo pensó ni un segundo y decidió que haría cuanto estuviera en su mano para salvar el legado de tanta persona que había decidido trascender en el tiempo de la mejor de las maneras, con sus obras.
El hecho de ir vestida con zapatillas de deporte y con ropa cómoda de ejercicio la vino estupendamente ya que tuvo que hacer cierto esfuerzo físico para introducirse en la biblioteca y una vez dentro tuvo que moverse de la forma más rápida posible porque aquello comenzó a tomar un cariz más que preocupante. De hecho tuvo que despojarse de la sudadera ya que comenzó a arder repentinamente y podía haber sido fatal de no haberse percatado de ello, aunque es cierto que su espalda sufrió las consecuencias de su pasión por la literatura.
Permaneció durante más de diez minutos salvando ejemplares de los que se encontraban apilados en las diversas estanterías y solo abandonó el local al escuchar a lo lejos las sirenas de bomberos que se estaban acercando, dado que le entró miedo porque al encontrarla allí dentro pudieran llegar a acusarla de la autoría de aquel incendio.
Siguió leyendo, “el jefe del cuerpo municipal de bomberos ha declarado su intención de nombrar bombero honorario al valiente ciudadano que sin miedo a lo que pudiera sucederle realizó semejante despliegue de generosidad y heroísmo”.
Marta apuró el café tras dar buena cuenta de las tostadas y ligeramente enfadada ante aquella demostración de falta de respeto por la igualdad, se dirigió al cuarto de baño en busca del botiquín para tratar de mitigar el dolor de las quemaduras de su espalda.
Es cierto que los tiempos han cambiado, pensó, pero aún tendremos que pelear mucho para que se le reconozca a la mujer la posibilidad de realizar una acción de este tipo.
Imagino que son muchas personas las que aún nos creen encerradas en la cocina o esgrimiendo plumeros y escobas como únicas armas válidas.
Tras aplicarse con delicadeza la pomada se puso una camiseta holgada con la imagen serigrafiada en el pecho de la protagonista de la película de Tarantino Kill Bill, con quien se sentía muy identificada y sonrió al mirarse al espejo. Marta tenía una de las sonrisas más bonitas del mundo y ni siquiera el rictus de dolor por las quemaduras podía cambiar aquello.
Tenía todo el domingo para descansar antes de acudir el lunes a su puesto de funcionaria de la administración regional.
Desde luego en el trabajo no hacían distinción de sexo, daba igual si eras hombre o mujer, en caso de que no cumplieras con tu cometido te ibas directamente al paro y no está la cosa para semejante situación, ya que las hipotecas y las facturas tampoco hacen distingos de ese tipo.
Recordó que a media tarde debía acudir a casa de su exmarido a recoger al hijo de ambos y se alegró mucho de estar educando al pequeño en la igualdad y de que este no renegara de que en el recreo del cole jugaran las chicas al fútbol.
Poquito a poco(pensó Marta en voz alta) y tras esta reflexión se decidió a comenzar un escrito que debía presentar en el trabajo al día siguiente.
Ella se ganó sus derechos y su igualdad al alzarse con su plaza en oposición hacía varios años, ya que en aquella oposición se presentaban personas de ambos sexos y eso no era obstáculo para quienes habían estudiado tanto como estudió ella, ya que va en cada persona y no en el sexo, la capacidad de trabajo y de sacrificio para alcanzar un fin.

2 comentarios:

José Ángel Pizarro Nogués dijo...

Juan, veo que es muy bueno el relato y con mensaje de igualdad entre sexos, te vale para un concurso. Buena suerte en tu periplo cómo escritor. Yo escribiendo sobre el mercado del oro me gano un dinerillo. Lo dicho, suerte.
http://oro-blog.blogspot.com.es/

lacantudo dijo...

Gracias hermano.
La verdad es que aunque me presente a algún certamen muy de vez en cuando, prefiero escribir sin otra finalidad que sentirme bien con lo que escribo.