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viernes, 6 de febrero de 2015

Mi buena estrella

Tenía seis puntas, una por cada una de las personas con las que he crecido.
Desgraciadamente ahora solo tiene cinco visibles, pero la sexta estará ahí siempre.
Estas dos que me acompañan en la foto son dos de mis hermanas, de las que me siento absolutamente orgulloso y profundamente agradecido de que formen parte del brillo nocturno de mi supernova en esta constelación.
Son muy diferentes pero al mismo tiempo emanan la misma luz poderosa y cálida.
No nos llevamos apenas diferencia de edad, hemos disfrutado de una niñez, una juventud y una madurez muy similar y siempre compartiendo lo vivido, por desagradable que se nos presentara a veces.
Tengo otros dos hermanos a quienes quiero igual y sobre los que también escribí en su momento. Mi hermano, dos años mayor que yo, fue el primero de los hermanos en publicar sus escritos y el primero en obtener un premio literario y mi hermanita pequeña es aquel angelito de "alitas de plumón blanco" de quien ya os hablé en su día.
Con estas dos simpáticas hermanas siento un vínculo especial, ya que tenemos mucho en común, más de lo que creí en su momento y aunque las dos se casaron, doy fe de que en vez de perder dos hermanas he ganado dos nuevos hermanos, eso si, con la mili hecha y las cabecitas bien amuebladas.
Charlando con un compañero de trabajo y con una de ellas el miércoles pasado en uno de esos buenos momentos que se presentan a veces durante la jornada laboral,  mi hermana dijo algo que se me grabó a fuego en el alma, algo así como que en tan solo unos meses del pasado año, había aprendido la importancia tanto del que se va, como del que se queda y me siento muy afortunado por haberme quedado con ellas.
Se que ninguno olvidaremos nunca al que se fue y aunque en su momento me enfadé por no haberme ido yo y que él se hubiera quedado, mi madre me dejó bien claro que durante los primeros días tras aquel accidente, mi padre pidió al jefe de mesa de este gran casino que es la vida, que se aceptara el cambio de jugador e irse él en mi lugar.
A los dos meses de abandonar aquel coma,  sufrí la pérdida de mi padre y yo que soy jugador, creo que el cambio no fue justo, las suyas eran las mejores cartas, yo me quedé a defender una mísera pareja de treses y él se marcho a pelear su escalera de color allá donde esté montada la timba definitiva.
En cualquier caso sé que mis hermanas cubrirán todas mis apuestas con sus fichas si es necesario.
Ahora que han abierto baraja nueva, trato de jugar cada mano con la mayor prudencia y respetando el orden de la mesa.
No pienso volver a hacer un "all in" ni a farolear innecesariamente.
Todos tendremos que ir dejando la mesa cuando nos toque, pero más allá de aspirar al bote acumulado, la cosa está en disfrutar de la partida.
Igual no he elegido bien los símiles ni las metáforas, pero si hay algo que define mis textos es la espontaneidad y la cercanía y aunque me he sentado dispuesto a escribir un texto super ñoño muy a mi estilo, para contaros cuanto quiero a mis hermanas, he terminado hablando de poker, que le voy a hacer, soy así de absurdo.
Solo le pido al crupier que el día de mañana (se me va a pasar el arróz como me descuide) si encuentro a la mujer adecuada y tenemos hijos, sepamos llevar la familia como lo hicieron mis padres y consiga que mis hijos se comporten entre ellos como se han portado mis hermanos conmigo.
Todos forman parte de esa buena estrella que dicen que tengo desde la infancia y que efectivamente, ahí está, iluminándome el camino y orientándome por si me vuelvo a perder.
Los médicos no se explican como fui capaz de pasar en tan pocos días de la muerte clínica a un estado cercano al actual, pero fijo que si se pudiera demostrar de alguna forma, verían que a lo lejos me cegó un brillo refulgente y me arrastré hasta su origen, que no era otro que mi estrella concentrada en irradiar más luz que nunca para que aquella oscuridad desapareciera.
Se que muchos lectores me acusan de ser demasiado ñoño en mis textos, pero esta mañana al terminar de currar he coincidido tomando un vinito con una directora teatral y amiga, a la que veo en contadas ocasiones y hablando con ella sobre todo lo vivido y como me encuentro ahora, me ha dicho "escríbelo".
Lo hago Nina, ya sabes que siempre lo hago y de hecho ha sido parte de mi terapia y el bálsamo de mi curación.
El poder volver a escribirle textos a mi "Campanilla", el vaciarme el alma en cada entrada del blog y el limpiarme la psique soltando aquí todo lo que se me antoja demasiado duro, dándole diferentes formas a mis miedos e ilusiones, me ha devuelto la fuerza.
Ahora como canta mi siempre admirado Macaco, danzaré al son de la vida.




3 comentarios:

Elena Pizarro dijo...

Tu don es transmitir, el mio rodearme de gente como tu

Elena Pizarro dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Lacantudo. dijo...

mi buena estrella tiene cosas como esta, el que por un descuido o un fallo chorras tu comentario aparezca duplicado y así me llegan las cosas buenas de la vida cuando salen de vosotras, por duplicado.
Además en justicia habrá que decir que tu también transmites, , así lo ha estimado el jurado que te ha concedido el primer premio de ese certamen literario que acabas de ganar.
como cantan Macaco y Sandra,"seguiremos"