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sábado, 13 de diciembre de 2014

Batitas ridículas


Hay cosas que parece que las diseña el enemigo, con los grandes diseñadores que tenemos cerca.
Si no era suficiente con las mayas ajustaditas y el gorrito con pluma, ayer Peter tuvo que despojarse de su vestimenta habitual en el hospital, para enfundarse una ridícula batita verde con abertura trasera diseñada por algún genio del mal con ganas de joder bien jodida a la humanidad.
Ataviado de esta guisa, Peter fue introducido en algo parecido a una cámara del terror, para que le fuera practicado un escaner cerebral.
La doctora no parecía muy convencida de que fuera un eterno adolescente enamorado de un hada, capaz de volar y con domicilio fiscal a efecto de notificaciones en el país de Nunca Jamás.
Imagino que por un tema de jurisdicciones médicas y de competencias, porque si no tampoco es algo tan fuera de lo común, dada la gente que pulula por ahí.
Este escaner se lo hacían a los seis meses de su aparatosa caída cuando se le terminó en pleno vuelo el polvo de hadas y no pudo frenar más que con el rostro contra el suelo.
Los médicos querían cerciorarse de que algo debía funcionar mal en su cerebro,ya que todo lo que contaba el muchacho parecía sacado de un libro de cuentos infantiles.
De aquellas Peter se rompió todo, dientes, nariz, maxilar, costillas, la cabeza, pero apreciaron que la lesión del corazón era algo más antigua, se le debió de romper semanas antes del accidente y ya estaba cicatrizando.
Antes de conectar la dichosa maquinita le preguntaron a Peter si era claustrofóbico y Peter respondio que si, que no soportaba encontrarse encerrado en una vida normal y necesitaba volar de vez en cuando.
Entre risas le entregaron ya recostado en el aparato, un pulsador del timbre de seguridad para que avisara en caso de necesidad.
Comenzó todo y Peter más que agobiado por el ruido de la máquina, estaba que echaba las muelas por lucir aquella batita tan espantosa. Menos mal que no andaban por allí ni las sirenas, ni la princesa india ni Wendy y mucho menos Campanilla, si no hubiera tirado de daga y se hubiera confeccionado un dos piezas lo más digno posible con aquel esperpento hospitalario.
Cuando comenzaron las secuencias de la resonancia, a Peter le hubiera apetecido acompañar el ritmo con palmas, ya que le parecía algo muy similar a las bulerías, pero claro, le habían dicho que no se moviera nada de nada y el era un niño-chico-señor muy obediente.
Que coñazo así.
Aprovechó el tiempo que duró todo aquello (a él le pareció una eternidad) para pensar en cada amigo que le aguardaba fuera e incluso echó de menos al bueno de Garfio, que será muy pirata y muy huraño, pero tiene su puntito de guasa.
Cuando estaba a punto de tratar de levantar el vuelo, aquello terminó y le liberaron de sus ataduras.
Corrió a despojarse de aquella odiosa bata y a recuperar su dignidad y tras despedirse del personal sanitario, abandonó aquel hospital.
Ya está, se terminó y no quedan más pruebas ni más gaitas.
Lo bueno de aquello es que si le hubieran detectado un alien en el interior se lo hubieran notificado enseguida, pero por no tener, no tenía ni un mísero alien, con lo monos que son de chiquitines.
Ahora Peter ha decidido olvidar todo aquello y volver a vivir como siempre, quizá asegurándose de llenar  el depósito de polvo de hadas antes de salir por ahí, no vaya a ser que la prepare otra vez pero con ganas de aventuras, de viajes y de recuperar por completo su corazón.
Peter ha vuelto, al menos de momento.

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