sábado, 20 de septiembre de 2014

Historias de amor

Este título me suena a canción malucha de los años noventa, que movida.
El caso es que siempre he sido muy aficionado a las historias de amor y así me he pasado la vida, enamorándome, desenamorándome, sufriendo, contentándome y persiguiendo el amor verdadero cual galgo tras la liebre, pero en este terreno uno más bien se siente como un galgo fondón tras una liebre apolínea.
Lo cierto es que luego todo esto da mucho juego a la hora de escribir, porque siempre he pensado que los poemas más hermosos que se han escrito son producto del amor no correspondido.
Aunque claro, lo del amor no correspondido para escribir poemas guay, pero ya está. Para el resto de las cosas mola más bien poco.
Desde luego no me voy a quejar, he tenido la oportunidad de que muchas mujeres se terminaran hartando de mi y eso quiere decir que para hartarse han tenido que pasar un tiempo conmigo, que tampoco soy tan insoportable como para que me larguen a los diez minutos.
Me siento francamente afortunado y algo tontico, porque he gozado del amor en todos sus aspectos (a ver chicos, no hagáis bromas soeces con la frase anterior) y aunque esas historias se terminaron acabando, con lo que eso conlleva de dolor y malestar, no he cejado en mi empeño y he seguido intentándolo.
Será que soy el eterno enamoradizo o que pertenezco a otra época, puesto que disfruto más del cortejo y de los suspiros que del " aquí te pillo, aquí te mato".
Creo que regalar flores es genial, siempre y cuando no des con una alérgica al polen, ni termines aburriendo a la amada.
Una vez paseando con una chiquita encantadora por  el campo, me incline para arrancar unas margaritas y regalárselas en plan "que chico más majo soy" y al alargar la mano para coger las flores una abeja que estaba libando tan ricamente se asustó y en defensa propia (eso argumentó su abogado) me clavó el aguijón en el pulgar , causándome un dolor tan horroroso que me hizo gritar como una quinceañera en un concierto de los One direction esos.
Como podréis imaginar se fue al carajo el momento romántico, llevándose mi masculinidad de paso, pues fue ella quien me agarró de la mano y me limpió las lágrimas tratando de consolarme.
A la abeja la condenaron a muerte, sentencia que fue ejecutada en el acto.
Y no os cuento ya lo terriblemente jodido que es tratar de conservar una pareja siendo el Peter Pan de mi calle, ya que como dicen por ahí el "peterpanismo" a partir de los 30 es un símbolo de inmadurez.
Me va a tocar vender por internet el modelito de Peter Pan, gorrito con pluma incluido, a ver si saco al menos para tabaco, que es mucho más dañino que ser inmaduro, pero al menos aporta algo de virilidad a la imagen de uno.
Lo único que me ha servido de algo siempre es el sentido del humor, porque a las chicas les encanta reírse y si consigues que sea contigo y no de ti, la cosa va bien.
Ahora, tampoco hay que hacer un monólogo de esos de " El club de la comedia" cada vez que tienes algo que decir, porque entonces no te van a tomar nunca en serio y tampoco se trata de eso, que ser simpático si, pero un chapas ni hablar.
Ir de durete tiene lo suyo con las chicas, pero hasta un punto, sobre todo si no eres bajito y sentimental, porque entonces se te nota que estás adoptando un rol que no te pertenece. Para ser un duro en condiciones te tiene que acompañar el físico y debes tratar de evitar llorar en el cine y bailar en cuanto pones un pie en la discoteca.
Creo que fue Norman Mailer el que escribió "Los tipos duros no bailan".
Supongo que mascar tabaco y escupir no es tampoco muy seductor, así que abandono ese estereotipo.
Es muy fácil ser un durete de metro noventa y con músculos hasta en los músculos pero con 1,68 y el bigote bicolor es mucho más complicado.
Yo casi que seguiré a lo mío, enamorándome como una colegiala e imaginando con alas de hada al amor de mi vida, a ver si hay suerte y me echa sus polvos de hada, aunque sea solo con la intención de ayudarme a volar.
Supongo que esta entrada no me ha quedado ni muy poética ni muy romántica, pero es que estoy en una fase de redescubrirme como persona y de sopesar que es lo que debo conservar del pasado y que es lo que me convendría ir aparcando.
No obstante contra lo que no se puede luchar es contra los sentimientos y yo soy muy de querer con todas las ganas, así que nada, seguiré tratando de que aquella de la que estoy enamorado, sienta lo mismo que yo. Eso o me apunto a un gimnasio y me someto a  un tratamiento de hormonas del crecimiento


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