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El poema definitivo.

Se levantó de la cama con sigilo y saliendo del dormitorio, encendió un pitillo con el mechero de gasolina. Se deleitó con la primera cal...

Mi primer retoño

Mi primer retoño
Este fue el primero de lo que espero sea una familia numerosa

lunes, 25 de febrero de 2013

Consejos de Laertes a Polonio.

Ahora me toca a mi.
Por eso le doy la vuelta al libreto de Hamlet y me permito el lujo de que Laertes sea el que aconseje a su padre. Por que los de Polonio, intemporales y acertados, me los has citado muchas veces, con la mejor de las intenciones (no lo dudo) desde que era pequeño.
Será por eso que me acerqué a Shakespeare y terminé por engancharme a ese británico soñador, putero y camorrista.
Pero a lo que voy.
Polonio, dijo así:

Llévate mi bendición 
y graba en tu memoria estos principios: 
no le prestes lengua al pensamiento, 
ni lo pongas por obra si es impropio. 
Sé sociable, pero no con todos. 
Al amigo que te pruebe su amistad 
sujétalo al alma con aros de acero, 
pero no embotes tu mano agasajando 
al primer conocido que te llegue. 
Guárdate de riñas, pero, si peleas, 
haz que tu adversario se guarde de ti. 
A todos presta oídos; tu voz, a pocos. 
Escucha el juicio de todos, y guárdate el tuyo. 
Viste cuan fino permita tu bolsa, 
mas no estrafalario; elegante, no chillón, 
pues el traje suele revelar al hombre, 
y los franceses de rango y calidad 
son de suma distinción a este respecto. 
Ni tomes ni des prestado, pues dando 
se suele perder préstamo y amigo, 
y tomando se vicia la buena economía. 
Y, sobre todo, sé fiel a ti mismo, 
pues de ello se sigue, como el día a la noche, 
que no podrás ser falso con nadie. 
Adiós. Mi bendición madure esto en ti.



Laertes le diría a su padre:

mi bendición la tienes desde el día mismo en que decidiste hacerme un hueco entre tus preocupaciones.
Desde que decidiste compartir tu oxigeno conmigo.
Así que graba ahora en tu memoria esto que te digo, y grábalo bien, ya que sueles afirmar que la memoria es doblemente traicionera, no solo por lo que olvida, también por lo que inventa.
No le prestes lengua al pensamiento, si acaso escríbelo. Como me inculcaste desde pequeño, lo escrito perdura, las palabras se diluyen entre tanto y tanto ruido.
Se sociable con todos ¡que coño! es el momento para tardes de buena conversación y campeonatos de mus.
Al amigo que haya probado tu amistad, no tendrás que sujetarlo, estará siempre ahí a no ser que se le crucen unas faldas, entonces mételo en un saco con una víbora y un gallo y tírale al fondo del Tigris (Ammurabi dixit).
No agasajes, ahora toca que te devuelvan todo lo que has dado, así que déjate cuidar.
Ni riñas ni pelees, que hablando se entiende la gente y los abogados también tiene que asegurarse una buena jubilación.
Si hay que reñir, ya reñiré yo por ti, si hay que pelear, yo me ocupo o contratamos a alguien, el dinero está para gastarlo.
Enemigos es imposible que tengas, si acaso, diferencias de opinión.
Presta tu oído y tu voz, las dos cosas, que en ocasiones uno necesita aparte de que lo escuchen, escuchar un "Lo estás haciendo bien".
Ponte cómodo, aún en chandal serás siempre un señor y eso se te nota.
Ignora a los franceses, la gente que no le echa patatas a la tortilla, no merece demasiada confianza.
Ignora también la economía  pues por muy bien que te lo montes, ya vendrá alguien a joderlo, así que disfruta de lo merecido durante tantos años y gasta en exprimir al máximo todos los que te quedan.
Doy por sentado que serás fiel a ti mismo, pues no conozco a nadie más recto en su palabra ni más escrupuloso con sus valores. Cosa que no deja de enorgullecerme.
Mi bendición, como la de Polonio, madurará todo esto en ti.La semana que viene lo discutimos, te permitiré incluso que me apuntilles lo que quieras.
Fuerza y honor.



jueves, 7 de febrero de 2013

Sin polladas,

sin agarrarse a excusas basadas en el miedo o en la irresponsabilidad.
Agarrando al toro por los cuernos, empujando, sudando la vergüenza, masticando las palabras más difíciles.
Reflejando en el cristal de mi reloj la luz que desprendes y concentrándola en un punto concreto de lo que voy tratando de expulsar, para que arda todo gracias a ti.
Subiéndome los cuellos y encorvándome al andar contra el vendaval, pero avanzando, un paso detrás de otro, aunque caiga me volveré a levantar hasta llegar a ese lugar donde solo se encuentra tu sonrisa y la calidez de tu piel.
Dibujando el mañana con el ocre que desprenden las heridas de ayer.
Solo llueve si engendro nubarrones de esos que acojonan y que vuelven todo negro, pero ya se como disiparlos y es mucho más fácil de lo que creía.
Mucho más fácil.
No habrá más ídolos de barro, ni más sacrificios inútiles, ni más religiones absurdas que lo confunden todo.
Tan solo nosotros.
Corro, en lo más profundo de este bosque se encuentra la guarida donde se oculta  mi sombra y estoy a punto de darle caza.
Las hojas caídas y la lluvia dificultan el rastro, pero calza mi mismo pie y apesta a mi.
Y a alcohol.
Y ya se que decir cuando la tenga delante de mi, erguida y dispuesta a pelear.
Tan solo: "Vuelve".
Huele a tierra mojada y a invierno, huele a frió y no canta ningún pájaro, pero sigo adentrándome en la espesura porque me  he desecho del lastre de todos mis temores y ahora soy más rápido y más preciso.
Cuando la haya cazado, volveré hasta ti con el trofeo y me ayudaras a coserla fuerte, para que no se me escape nunca más.
Y me esconderé entre todos los demás, viviendo la vida que necesito vivir.
Como uno de vosotros, feliz.
Aguanta, no tardo.





martes, 5 de febrero de 2013

Mi viejo amigo

el escritor, tiene otro encargo.
Recoge sus cosas, las mete todas en una caja de cartón, como los polis corruptos de las películas.
La taza del café asomando por encima del marco donde nunca se hospedó ninguna foto.
Tiene que abrir la puerta con un píe, porque la caja pesa demasiado como para llevarla bajo el brazo.
Además, bajo el brazo lleva demasiadas historias.
La que salió bien, todas las que salieron mal.
La paciencia, la dignidad.
La dignidad ha estado a punto de perderla en estos últimos días.
Por eso guarda otra en casa, detrás de un cuadro, en el dormitorio.
Al escritor le han acusado de exhibicionismo, de ponerlo todo encima de la mesa, de ofrecer sus miserias a quien quiera leerlas, a cambio de nada.
De emborronar páginas con lágrimas en Arial 12.
De tener un ego desmesurado.
De no saber escribir más que de lo que vive y siente, o de lo que sueña.
Pero eso es lo único que sabe hacer, maquillar vivencias entre puntos y comas.
Se acuesta imaginando metáforas y componiendo lineas argumentales, se despierta con los dedos entumecidos de sostener toda la noche la estilográfica del subconsciente.
Y crea.
La vida se convierte en algo digno cuando pasa por su filtro, por eso le suelen encargar trabajitos para personas que han sufrido.
Aunque solo acepta este tipo de encargos para pagar las facturas.
Y es que al final, a fuerza de disimular las desgracias ajenas, se termina contaminando con ellas.
Y poco a poco se va volviendo gris.
Y triste.
Así que este será el último encargo que acepte.
Prepara café y selecciona el disco adecuado, gradúa la luz y acomoda un par de cojines sobre su sillón de escribir.
Solo necesita echar una ojeada a la foto en la que ella sonríe, con el pañuelo al cuello y el pelo alborotado.
Las palabras brotan como por arte de magia, en una suerte de escritura sintomática.
Eliminan del pasado de esa mujer todas las frustraciones, los sinsabores, las noches sin dormir y las ganas de arrojar la toalla.
En su lugar, la hermosa sonrisa se expande por todos los folios, y es que cuando sonríe  todo lo demás desaparece.
Ese es su trabajo, conseguir que ella sonría eternamente, aun a costa de olvidarse de su propia sonrisa.
Pero de alguna manera no puede evitar obsesionarse con el arco de sus labios y no quiere dejar de escribir.
Se consume poco a poco, con cada renglón escrito.
Al terminar está agotado, confuso y nervioso.
Ella reluce y el se agosta.
Se ha vuelto a enamorar.
Es su trabajo.