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miércoles, 1 de agosto de 2012

Quiero emborrachar mi corazón

con el recuerdo de este amor, que más que amor es un sufrir.
Nostalgia,
de tantas veces como nos dijimos que lo nuestro no moriría nunca, pero ya estaba herido de muerte aunque no lo supimos hasta que le dimos al cadáver cristiana sepultura o sepultura; vamos...que lo enterramos y cuando la ultima palada de tierra coronó el túmulo, arrojamos una flor y nos dimos la vuelta muy despacito, muy tristes, muy seguros de no volver a querernos.
También quiero emborrachar mi corazón con los efluvios de las copas llenas de miradas largas y profundas, de esas que eran como sentarte a ver una peli en "cinemascope" con profusión de verdes y de verdades.
Que negra se quedaba la sala, que oscura, que silenciosa, que vacía de público.
Porque no existía nadie más en el mundo, solos tu y yo, y tu absurda diatriba.
No se si beber de esta copa rota, o de la sucia, las dos me las serviste tú acompañadas con una sonrisa y una imitación perfecta de lo que hubiera querido para mi.
Lo cojonudo de todo esto es que aún sigo planteándome si alguna vez supe amarte de verdad, o si siempre la amé a ella por encima de todos los otros instantes en los que me sentí dichoso por haber comenzado a olvidarla.
De cualquier forma, terminaste escapando con el cochero, tomaste prestado el carruaje y emprendiste la huida hacia otra nueva película, una con una hermosa banda sonora compuesta por canciones que hablaban de amor.
Y en esas me encuentro ahora, recordando el amor a base de canciones que hablan de amor.
Nunca el amor fue tan hermoso como en las canciones, ni siquiera en los poemas, siempre mucho más hermoso en las canciones.
Es por eso que ahora quiero emborrachar mi corazón con el recuerdo de este amor, a ver si termino de mandarlo al carajo, porque se me sigue presentando entre neblinas las noches de verano, como un fantasma gris que quisiera perseguirme y no dar tregua a mi alma hastiada de tanta tontería.
No adivino el conjuro preciso para sacarte a patadas de mi dormitorio y devolverte al cementerio, a los Sargazos, al mismísimo " a tomar por el culo" de donde vuelves en estas noches tristes, bien en forma de pesadilla o bien como humo que entra sigiloso por mi ventana abierta para intoxicarme lo que me queda sano de cerebro.
Que es bien poco.
La cama se mueve, se eleva unos centímetros del suelo y cuando termina la cópula y todo vuelve a sus sitio ahí sigues, observando fijamente.
Las noches de verano no son las mejores para tratar de olvidar el pasado.
El pasado tampoco puede dormir y como se muere de calor, se levanta del lecho y viene a tocarme los huevos.
Necesito arrancarme la memoria, darle un agua y ponerla luego a secar en cualquier playa de Costa rica.
Por las mañanas tengo una espantosa resaca de lo nuestro.
Finjamos que no te quise y miremos para otro lado.




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