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sábado, 17 de marzo de 2012

Alma de fado

Tomó el tranvía junto al Panteón y ya no quiso bajar nunca.
Duerme en un rinconcito, detrás del último asiento y los conductores le permiten hacer del vagón su hogar, porque en el fondo todos le entienden...incluso le tienen cariño.
Los turistas lo consideran una rareza más de las muchas rarezas que se dan en Lisboa y cada día hay más monedas en el cuenco del hombre del pelo amarillo.
Se cuentan muchas historias sobre él: Hay quien dice que enloqueció al darse cuenta de que había dejado escapar al amor de su vida. Otros hablan de un delito en algún país muy lejano, o muy cercano y se rumorea que la sangre derramada le persiguió hasta los escalones del tranvía y que tiene miedo a abandonar su refugio, porqué estará esperándolo en la acera.
Nadie sabe que en realidad, tiene alma de fado y venas de guitarra.
Recorre Lisboa una y otra vez cada día, de la mañana a la noche porque en realidad, él es Lisboa.
Es todos y cada uno de los lisboetas.
Sueña en el "barrio alto" y reposa las digestiones de su conciencia en el mirador de "Portas del sol".
Llora en los Jerónimos y vomita en Santa Apolonia.
No hay nada que le invite a cambiar su recorrido.
Se enternece cada enero recordando revoluciones floreadas, saluda desde el cristal a Pessoa y a Camoes y orina su duermevela en la "Plaza del comercio".
Solo el hombre del pelo amarillo conoce la verdadera historia.
Caminó durante años tratando de escapar del recuerdo más doloroso y sus pies cansados le llevaron hasta aquella ciudad, cuna de mezclas y de navegantes ilustres.
Reventó los nudillos contra el mentón del olvido y se sentó desolado con el rostro entre las manos.
Entonces abrió los ojos y lo vio todo claro.
Sería Lisboa.
Y aquí esta, estación tras estación, año tras año, vida tras vida.
Tararea fados mientras se afeita con cuidado de no cortarse en las curvas y sonríe a las señoras japonesas que le observan con recelo.
Alguien dijo de Lisboa que es como una "faca na corazao", como una navaja en el corazón.
Y es cierto.
Él está herido de muerte y agoniza sonriendo en cada viaje del tranvía.

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