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martes, 13 de diciembre de 2011

El jardinero Fiel

A esta planta la tengo que cuidar con especial atención, porque entre otras cosas y aparte de ser la más hermosa de entre todas las plantas de mi jardín, si no se tiene cuidado se marchita poco a poco y se pone mustia.
Da mucha pena cuando pasa esto, porque en sus mejores momentos, cuando se dan todos los requisitos, es tan bonita, tanto, que uno puede pasarse horas y horas contemplándola.
Es complicado, porque aunque la hablo todos los días, en ocasiones siento que no necesita escuchar aquello que le digo, sino más bien parece que quisiera taparse los pistilos y no oír nada más allá de su propia pena o de su rabia contenida.
Hay veces en las que rechaza el calor y notas como sus hojas amarillean por minutos y uno no sabe que le pasa y se desespera, porque no sabe que hacer.
Dar más calor no es posible, no lo resistiría.
Es una planta dura, me consta y una superviviente, pero me da cada susto...
Hay que tener mucho cuidado porque ejerce una atracción especial sobre los ácaros y los pulgones, que embriagados por sus vivos colores se abalanzan en tropel sobre ella y aunque tiene sus propios mecanismos de defensa, alguno la ha llegado a hacer mucho daño...demasiado.
Yo me paso el día con el pulverizador en la mano, pero eso no es bueno porque aunque quisiera protegerla siempre, tampoco es bueno entrometerse en lo que la madre naturaleza tenga destinado para ella.
No necesita demasiadas horas de luz, al contrario, es feliz cuando bajo las persianas y puede descansar, porque está muy cansada.
Han ido llegando otras plantas hermosas, pero ninguna puede competir con ella, en nada.
Digamos que es perfecta.
Se que las demás la envidian y lejos de volverse altanera veo en ella una especial disposición para ayudar al resto de plantas y flores.
Teníais que verla en plena fotosíntesis.
Tiene tanto que aportar...
Siempre la he llevado conmigo, a donde quiera que yo he ido ella también ha venido, porque la vida sin ella es triste y gris, vacía.
Mi planta no es mía, ni lo será nunca, pero me permite en ocasiones, silbarle alguna canción.
Ultimamente la veo un poco arrugadilla, quizás debería cambiar de tiesto o de abono.
Creo que en el fondo, ella sabe que yo siempre estaré ahí, para regarla, para añadirle nutrientes, para decirle cada mañana :"hojas verdes tienes, preciosa".

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