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lunes, 12 de diciembre de 2011

Comprar en "los chinos"

En esta entrada no voy a añadir fotos o ilustraciones de ningún tipo.
Y os explicaré porqué:
Mi madre (como todas las madres) es sabia y no suele equivocarse y en una ocasión me dijo "lo barato sale caro".
Cuanta razón tenía la jodia, pero los jóvenes somos atrevidos (si...37 tacos es ser joven) y desoímos los consejos de nuestros mayores, bien por ese conflicto generacional que nos arrastra a hacer justo lo contrario, bien por completa y absoluta ignorancia.
El caso es que dándome una vuelta por uno de esos enormes badulakes orientales, en busca de pinzas para la ropa económicas, me encontré con una hermosa máquina de esas que lo mismo te rapan la cabeza, que te perfilan las patillas, barba y bigote.
Diez euros, un chollete.
-Por diez lereles me ahorro peluquero, barbero y tiempo, con lo que "pa la saca"-me dije ufano y orgulloso de mi saber comprar.
Hasta ahí todo bien.
El horror llegó hace un par de días, cuando me dispuse a estrenarla rebajando un poco el matojo del bigote, que de frondoso que estaba, parecía que me había pegado un gatico acostado encima del labio superior.
Tan contento yo, con mi maquinita llena de luces de colores.
Gradué el peine que cubre la cuchilla al cuatro y con la "segadora" a máxima potencia, comencé la operación "guapete te pongas".
En el preciso instante en que apliqué aquel invento del maligno al amigo bicolor (o sea, mi hermoso y original bigote) la mierda del peine graduador se retrotrajo como un miembro viril tras un baño en el Cantábrico.
Antes de que pudiera evitarlo, me llevé por delante la mitad de mi personalidad.
Ahí estaba yo, cual Mackulain Culkin, gritando como un poseso con ambas manos pegadas a la cara.
Diez años sin afeitarme, diez años manteniendo una imagen que dotaba de personalidad y seña de distinción a este humilde titiritero.
¡¡A euro por año de alegría bigotil!! que barato he pagado esta infamia.
No me quedaron más cojones que afeitarme por completo, entre lágrimas e hipos.
No os podéis hacer ni idea de lo espantosamente horrible que me encontré al terminar la faena.
No me reconocía ante el espejo, ese imberbe pusilánime no era yo.
Que gran putada, que jodienda, justo ahora, que vuelvo "al mercado", justo en sábado, sabadete.
En fin, consolándome con la idea de que todo crece y hay cosas por las que estar más preocupado, me subí en la moto y me fui a ver a "Campanilla".
Su grito de horror se escuchó en toda la comunidad.
Entiendo que el cambio es radical, pero mi alma sensible y mi autoestima malherida, hubieran agradecido algo de comprensión y un par de mentiras piadosas.
Del espanto a la risa, hay una delgada linea roja, como del amor al odio.
Y os aseguro que adoro a esta mujer, pero por un momento imagine más de setenta y dos maneras de ayudarla a dejar este valle de lágrimas.
Cómo se reía la muy perrer!!!
Ahí estaba el pobre Juan, cubriéndose el rostro con una máscara de "Anónimus".
Esta tampoco fue la mejor de las ideas, porque nada más salir a la calle con mi máscara, dos agentes de paisano me solicitaron amablemente la documentación y procedieron a realizar un registro "preventivo" que termino con la consabida incautación de sustancias psicotrópicas y la correspondiente sanción administrativa por importe de 301 euros.
Que bien, 311lereles la puta máquina, y la voz de mi madre volviendo una y otra vez desde el pasado repitiendo "lo barato sale caro, lo barato sale caro".
Lo peor llegó cuando un grupo de niños comenzó a hostigarme con palos mientras me llamaban monstruo, deforme y cosas por el estilo.
Tuve que salir corriendo, pero iniciaron una persecución que solo finalizo cuando me acogí a "sagrado" en la Iglesia de Santa María de la Antigua.
Por culpa de la puta máquina de los chinos, terminé encaramado en el campanario, mientras mis paisanos acudían en tropel desde todos los rincones de la ciudad, con antorchas y horcas, arrojándome piedras y restos vegetales con bastante buena puntería.
Un helicóptero de la policía nacional se aproximó por un costado y antes de que pudiera tratar de derribarlo a manotazos, como aquel simpático mono con nombre de hamburguesa gigante, un tirador de élite logró colocar un dardo anestésico justo en el centro de mi glúteo derecho.
Se me nubló la visión y la realidad comenzó a distorsionarse.
Cuando me desperté, enormes correas de cuero sujetaban mis muñecas y tobillos a una camilla instalada en el interior de una jaula para leones.
Aún sigo aquí y científicos de todo el mundo se acercan a visitarme.
Me han realizado todo tipo de pruebas y mientras las doctores introducen artefactos metálicos por mi recto, yo recuerdo aquél sabio consejo de mi madre y me cago mentalemente en la gran muralla y en la puta que parió al "último emperador", a Mulán y a la prima de Chank-kai-chek.

4 comentarios:

mirinda dijo...

Alma de cántaro! todo el mundo sabe que hay ciertos productos de los chinos que son triple calavera y, por la salud de uno, no se deben comprar!!
De todas formas no creo que sea peor que lo de un amigo de Barcelona al que le pasó algo parecido; joder qué casi me hago caquita cuando abrió la puerta y vi aparecer a Nosferatu! Dios mío lo que una barba puede hacer cambiar la cara!!!

Por cierto, me alegro de que haya vuelto el Juan de antes...

Violeta dijo...

El acento quizá no, pero la exageración granaína se te pegó bien... No es tan horrible, sólo te quita años...y por lo menos crece, menos mal que no lo intentaste primero con los pelillos de la nariz... Ánimo y la semana que viene usa tijerillas

lacantudo dijo...

Joer Vio, no seas embustera que lo primero que hiciste cuando entré en el bar fue sacar la cámara de fotos.
Estos capullos se han estado pasando mi fotico de pelado y hay comentarios que harian santiguarse a la niña del exorcista.
Mirinda chata...he vuelto.
Besos a las dos.

Jose Imaginación dijo...

Muy divertido...a la par que sincero...porque sin bigote y barba estás ahora...

301 e??