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jueves, 3 de noviembre de 2011

Lluvia

A ella le gusta ver llover, sentir las gotas golpeando contra el suelo, rebotando en los charcos y purificando a su paso toda la mierda que flota sobre esta jodida ciudad.
Fuma muy despacio, apurando cada calada mientras fija la mirada en la gente que corre bajo el aguacero.
Él sin embargo tiene frío y está deseando que cese el chaparrón.
Fuma también, pero de forma mucho más compulsiva, como si quisiera apurar en cada pitillo un trocito de su vida.
Sopesa la situación y no puede evitar reírse, al ver pasar a una elegante octogenaria con una bolsa del supermercado sobre su destartalada permanente.
Ella jamás se reiría de eso, él lo sabe y por eso le gusta.
Ella aprieta los dientes, se está destemplando, pero siempre fue ese tipo de mujer, ya sabéis, de las que no dan un paso atrás, de las que no reconocen sus miedos, de las que morirían matando.
Él quisiera despojarse de su abrigo y acomodarlo sobre los hombros de ella, pero sabe perfectamente que lejos de ser galante sería patoso, porque ella no necesita el abrigo de nadie.
Quisiera también detener el tiempo en ese instante preciso, para recrearse en el brillo que despiden sus ojos bajo la fría lluvia de otoño.
Pero no es más que un pobre gilipollas.
Ella parece preocupada, como si descansaran sobre sus espaldas todos los problemas de un mundo que poco a poco se va al carajo.
Quizás está cansada, quizás los años pasan y se va dando cuenta de que cada segundo que le quede por vivir puede ser el más feliz, el más triste, el más vacío o el más emocionante.
A él ese tipo de cosas siempre le importaron muy poco.
Prefiere pensar que de alguna manera, todo se lo llevará la lluvia y que será lo que tenga que ser y que le da igual si el sol nace en Japón o sale por Antequera, si dentro de muchos años puede seguir viendo llover a su lado.
Un perro camina despacio por la calle, no le importa mojarse, de hecho parece disfrutar con el agua.
Ella sonríe un instante, seguro que en su interior ya le ha puesto nombre, un nombre corto y sonoro, cálido.
Arroja el pitillo consumido a la acera con un gesto elgante pero firme, él ya ha sacado otro y se lo ofrece, sabe que está siendo una mala influencia pero no quiere que este momento termine.
Ella es práctica, él no puede dejar de buscar la poesía en cada gota que resbala por las hojas del árbol que adorna la plaza.
Que diferentes son, pero que bien se entienden.
Él quisiera explicarle que de alguna manera, todas las palabras se escriben con las mismas letras, que no hay fracciones, ni luz, ni leyendas. Que la vida es vida, que el calor tiene nombre de mujer.
Ella está pensando en el día que la espera.
De repente cesa todo.
Se cierran los paraguas, aparece un hermoso arco iris y los limpia parabrisas se detienen todos a la vez.
Un beso de soslayo y vuelta a la rutina.
Él no puede evitar pensar que sin duda hay una fuerza que lo mueve todo y querría conocer los resortes para encontrar las explicaciones pertinentes.
A la moto le cuesta arrancar. Se ha quedado fría.
Serpentea veloz por las calles de la ciudad mientras él, conduce con la mente en una galaxia muy muy lejana.
No se percata del coche que aparece por su derecha, descontrolado y veloz, poderoso como un rinoceronte borracho.
El casco sale volando y tras el, un cuerpo que comenzaba a ser bonito.
Aterriza sobre un charco y mientras su cabeza estalla como una granada, aún tiene un instante para sonreír, porque el charco sobre el que se muere le ha recordado a ella observando la lluvia, callada y hermosa, distante y cálida, como los abrazos sinceros.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No se quien será ella, pero si es capaz de inspirarte tantas cosas no la dejes escapar.
Conduce con cuidado.Muchos pensamos que no eres un pobre gilipollas.

lacantudo dijo...

Ella es capáz de todo, incluso de inspirarme en el momento más horrible.
Supongo que tendrá algo que ver con su propia naturaleza, es hermosa por dentro y por fuera y eso no deja indiferente.
En los días más oscuros lo inunda todo de luz.
Pero no tengo más remedio que dejarla escapar...corre más que yo, y bufa y saca las uñas.
En cuanto a si soy o no un pobre gilipollas...me estoy planteando hacer una encuesta, seguro que lo de pobre gilipollas arrasa.
No te preocupes, en ciudad no paso de 200.
A ver si hay suerte y me mato.
Lo siento, hoy no tengo un buen día.