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viernes, 25 de noviembre de 2011

Campanilla

Campanilla se quita los guantes de fregar.
Para que nos vamos a engañar...hoy no tiene el chocho para farolillos que diría aquel.
A campanilla le escuece muchísimo que siga siendo tan tremendamente infantil. Y es que Peter es como un niño grande.
No puede ser que siga reclamando su atención, como si ella aparte de todo su amor, tuviese que entregarle un manual completo e ilustrado de como tratar a un hada.
Es un gilipollas, lo bueno es que Peter también lo sabe, eso la consuela.
Campanilla está dispuesta a pasar por ciertas cosas, como por ejemplo enjugar su lágrimas cuando no puede más y todo se le viene encima.
Para eso estamos...piensa ella.
Pero estamos más que para eso.
Campanilla es preciosa, es maravillosa, es la belleza en un cuerpo pequeñito, con alas y con la paciencia rozando el límite.
Ultimamente Peter está desconocido, bebe demasiado y vuelve a casa apestando a grasa de caballo, a pipa de la paz y a sirena.
A Campanilla se le está terminando el fairy y como no reponga pronto, los platos quedarán grasientos y sucios.
Lo cierto es que Peter cada vez se fija menos en estos detalles pero ella es muy celosa de sus cosas.
Que le den por el culo...¿quien necesita un mocoso llorón para alegrar las noches de "Nunca jamás"?
Ella.
Porque aunque despotrique del hombre, o del niño que le ha tocado en suerte, no puede evitar quererlo más que a su vida.
Sabe que ya no es lo mismo en la cama, que ultimamente él forcejea con el amor hasta que se rinde en un estertor meramente físico y carente de cualquier otra cosa.
Ella cierra las piernas y resopla enfadada.
Campanilla no desperdicia ninguna ocasión para llamarlo al orden.
-No llores- le dice.
Pero Peter no puede evitar llorar porque se sigue sintiendo solo y desubicado.
Campanilla tiene los ojos verdes más bonitos dle reino de la fantasía, pero se llenan de cólera en cuanto Peter sale de casa con cualquier escusa.
Prepara la cena con esmero y enciende las velas del candelabro.
Cada noche piensa que será la buena y cada noche arroja la cena fría a la basura.
En ocasiones Peter llega a tiempo de sentarse a la mesa y en ocasiones también, agradece el bocado entre dientes.
Al principio lo fue todo...como en la Biblia, pero ahora no es más que un muchacho malcriado que no es capaz ni de sufrir en soledad.
¿Qué fue del deseo?
Cualquiera de esas fulanas de la laguna se lo harían con él por el mero placer de contarle entre sus clientes.
Campanilla se muerde los labios para que sus vecinos no noten que ha vuelto a llorar.
Segura del resto de sus virtudes, Campanilla se pregunta si no estaría mejor en su mundo, rodeada de los suyos, preparando los papeles del divorcio.
Claro que si...Campanilla no es estúpida y tiene una buena letrada a su disposición.
Campanilla se ha alisado el pelo y se ha puesto sus mejores galas.
Abre la puerta y ve brillar el sol.

2 comentarios:

pepevigara dijo...

Juan tendrás que echar unos arrestos y recuerda que la vida siempre puede ser maravillosa. Ánimo!!!

lacantudo dijo...

Muy buenas muyayo.
Será por arrestos!!!
La vida es chachi...lo se y me gusta.