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domingo, 1 de mayo de 2011

Madre



En un día como el de hoy, en el que los niños llevan a sus madres las manualidades que han hecho en clase y en el que los padres se meten en la cocina a fregar los platos y envían ramos de rosas, yo tenia que escribir a mi madre.
Mamá,
seguramente el día en el que te postraste en aquella camilla y pasaste las de Caín hasta que el doctor me convenció para salir a dar una vuelta, pensaste un futuro diferente para mi.
Aquí me tienes, sentado en un ordenador haciendo lo que más me gusta hacer, escribir.
Lo siento...dejé Derecho y aún estás esperando que te enseñe el título de Maestro.
Me perforé la lengua y la ceja, y la ternilla.
Me he tatuado el tobillo y la muñeca derecha y hace tiempo que renuncié a los pantalones de pinzas y las camisas Oxford.
Se que no soy el hijo que habías soñado y a ratos piensas que te he decepcionado.
Pero si supieras cuanto te quiero y lo presente que estás en mi vida, quizás podrías pasar por alto esas otras cosas que seguro te han afligido.
Me casé por amor, y no por la Iglesia, como a ti te habría gustado.
No te he dado nietos aún y no creo que te los de nunca (de hecho me lo han prohibido en Europa, Asia, África y cuarenta estados USA)pero eso es lo que menos me preocupa, porque ya tienes tres que te quieren con locura.
He sido tan irresponsable que en ocasiones te habrás preguntado si hacia las cosas por hacerte daño.
No mamá.
Siempre, incluso en mis peores momentos he recordado tus besos y tus miradas y tu sonrisa, y la forma que tienes de defenderme y excusar todos mis pecados delante de cualquiera que haya insinuado nada en contra de mi.
No hubiera podido imaginar una madre mejor.
Te he visto sufrir muchas veces y han sido muchas las noches en las que te oí llorar bajito, para no despertar a nadie.
Porque entre las virtudes que tenéis las madres, también está la de saber sufrir hacia adentro y sonreír con el alma rota.
He aprendido mucho de ti y en gran manera, mientras yo viva tu siempre vivirás, porque te llevo en cada gesto, en cada suspiro y en cada carcajada.
Lo que tengo de buena persona o de hombre de provecho o como quiera que se llame eso, es gracias a ti y a papá y eso no se estudia en ninguna universidad ni se aprende en ningún oficio.
Tengo tanto que agradecerte que no se por donde empezar.
La vida es dura y aunque tu siempre has querido protegernos, no nos queda más remedio que vivir. Y sufrir.
En cada envite, en cada momento triste o cuando todo se vuelve negro y llueve y hace frió y las ramas de los arboles se acercan para llevarme muy lejos, ahí está tu imagen poderosa y tranquilizadora que ilumina las tinieblas y espanta a los monstruitos.
Si supieras cuantas noches, siendo ya un adulto (o algo parecido) he llorado abrazado a una almohada, recordando lo seguro que estaba a tu lado, no te lo creerías.
Ya no soy aquel pequeñajo rubio y con pantalones cortos que salia corriendo del colegio para llegar cuanto antes a casa y estar contigo, pero estoy ahí, siempre.
La verdad es que sigo siendo pequeñajo...pero eso es otra historia.
Tengo cientos de recuerdos hermosos, miles, pero de entre todos quizás me quede con las noches en las que siendo un niño me acostabas y dejabas la puerta de la habitación abierta y te oía trastear en la cocina y hablar con papá.
Aquella sensación de seguridad y de amor solo he vuelto a sentirla cuando conocí a la que ahora es mi mujer y supongo que de alguna manera, todas estáis conectadas.
En fin mamá, para mi todos los días son el día de la madre y no hace falta ponerle una fecha al reconocimiento para vuestra labor, porque es algo eterno y universal.
Espero llegar a ser lo que alguna vez soñaste mientras tejías patucos azules.
A mi manera, en una caravana, en el escenario o desde las páginas de un libro siempre te voy a recordar y siempre te querré.
Un beso.
Juan.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Ten cuidado querida madre que te va a pedir pasta

lacantudo dijo...

mas pillao...ya verás cuando Nora sea ayor!!!

lacantudo dijo...

mas pillao...ya verás cuando Nora sea ayor!!!