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Mi primer retoño

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miércoles, 19 de enero de 2011

Motauros o el ocaso de una civilizaciión.


No soy yo muy de acudir a concentraciones moteras, ni a concentraciones de ningún tipo la verdad. No soy yo mucho de concentrarme.
Pero para todo hay una primera vez (incluso para el sexo con gaviotas) y mis amigos de Vesperdidos (insigne no-club de vespa de Valladolid) me liaron para acudir a Motauros, famosa concentración motera que se realiza en Tordesillas desde hace muchos, muchos años.
Aquí mi señora, me dijo que no estaba muy por la labor de irse a dormir a una tienda de campaña en pleno mes de Enero, así que con harto dolor de mi corazón, tuve que acudir en la única compañía de un grupo de amigos descerebrados y obsesionados por las motos y el alcohol de importación.
La vida, es así de dura.
No voy a entrar a destripar lo horroroso y chusco que hay en más de diez mil moteros acampados en un pinar, porque me bastaría hacer un corta-pega de cualquier novela histórica que hablara de la primera cruzada, por tierras sarracenas.
Os podéis imaginar.
Pasé bastante miedo, casi tanto como en aquella ocasión en la que por causas ajenas a mi voluntad, la policía turca encontró quince toneladas de heroína en el doble fondo de mi mochila y pasé ocho años encerrado en una prisión de Ankara. Pero eso, es otra historia.
La verdad es que tras el primer impacto, decidí relajarme y disfrutar, como hice aquella vez en la que me secuestró la plantilla al completo de los "Glober- trotters" y poniendo al mal tiempo buena cara, pagué religiosamente mi inscripción y me adentré en Mordor.
Y curiosidades de la vida...hasta el peor de los infiernos puede compararse con el paraíso si estás acompañado de tus amigos.
Hizo frió, olía mal, el pinar estaba tomado por macarras con casco y mono de cuero,cuya única misión en la vida era reventarme los tímpanos, pero pasé veinticuatro horas muy agradables entre gente que se volcó por hacerme sentir bien (sin desabrocharse los pantalones).
Aunque el hambre atacó mi cuerpo y debilitó mi espíritu, ellos estuvieron ahí para alimentarme.
Aunque las fieras me rodearon y trataron de devorarme, ellos estuvieron ahí para ahuyentarlas.
Aunque cientos de mujeres alcoholizadas trataron de arrojarse cobre mi, ellos estuvieron ahí para...¡¡MALDITOS CABRONES!!
Bailamos, bebimos, comimos, fumamos y nos reímos y en ocasiones, la vida te enseña que los prejuicios son absurdos y que las cosas buenas se encuentran en todos los lados.
Bien es cierto que anduve errante por la campa buscando el club de lectura hasta que caí extenuado, pero no se puede tener todo.
Alex, Ricar, Suso, Rebeca y Victor: Iría con vosotros hasta...hasta Cuenca si fuera preciso (y si llevais una botella de Chivas, como la última vez).
Dispuesto a descubrir nuevas emociones y a buscar lo bueno donde no se espera, pienso irme de botellón con León de la Riva.

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